İGD – İstanbul Gazeteciler Derneği

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Bu haber 06 Temmuz 2013 - 10:59 'de eklendi ve kez görüntülendi.

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Mi rcoles, 02 de noviembre de 2005La Conferencia del Episcopado Dominicano (CED) acaba de emitir su nueva carta pastoral y la que abarca nicamente el tema del problema institucional y emocional que se deriva de la inmigraci n haitiana indiscriminada e ilegal y dentro de ese lenguaje cr ptico de tono irresponsable e huidizo al que nos tienen acostumbrados los obispos cuando se trata de no decir absolutamente nada que vaya en procura de una definici n concreta respecto a un problema nacional que hasta ahora se le ha querido presentar como dif cil de resolver.En s ntesis, lo que los obispos exponen es que el tema es espinoso y requiere de buena voluntad, demandando del gobierno la mayor cantidad de esfuerzos en tanto evade sus responsabilidades como organismo rector de una serie de entidades religiosas que conforman la primera l nea de acci n en la batalla que desde adentro se est librando en procura de favorecer un apoyo t cito hacia el haitiano indocumentado y sin importar que sean afectados los derechos de los nacionales de este pa s.De acuerdo a semejante criterio estrecho como exclusionista, los jerarcas cat licos, de hecho se van por las ramas y no tocan el punto crucial que tiene que ver con sus agentes religiosos colocados en los bateyes donde viven los haitianos indocumentados que trabajan en la industria de la ca a de az car y quienes all han pretendido crear determinados enclaves de haitianos rebeldes a las leyes dominicanas y lo peor, casi abogando porque se les reconozcan sus demarcaciones como si estas fueran un territorio original al del mismo Hait.Provocando semejante tipo de interrogantes y tambi n de confrontaciones, est claro que los curas cat licos a quienes la jerarqu a les ha encomendado semejante labor de zapa, no paran en nada con tal de lograr sus nefastos prop sitos de fragmentaci n del territorio nacional y de divisi n entre las familias y al extremo de que pr cticamente reciben apoyos econ micos directos de organizaciones cat licas internacionales, que a su vez se han llegado a considerar como entes que f cilmente pueden imponerle sus ejecutorias al Estado dominicano y hasta chantajearle en los t rminos m s groseros en determinados organismos crediticios y de pol tica global internacional, en especifico, europeos.C mo debe suponerse, nadie que sea dominicano puede aceptar de buena gana semejante prop sito de enajenaci n del territorio nacional y de socavamiento de la identidad dominicana y que es lo que en el fondo subyace en toda la amplia discusi n y debate que se ha levantado a prop sito de la soluci n definitiva respecto a quien puede o no ser considerado dominicano de nacimiento y sin importar que sus padres sean haitianos o indocumentados haitianos en nuestro territorio.Sobre el particular, est claro que todo aquel individuo que nace en el territorio nacional, autom ticamente debe de ser considerado ciudadano de este pa s , pero si adem s sus padres son haitianos indocumentados, lo nico que debe solicitarse es que nuestras autoridades abran primero un proceso cierto de registro y censo y en funci n de que pasen sobre los diez a os de vida continua en el territorio nacional o que tengan familias con parejas dominicanas, se les pueda conceder una amnist a especial, en tanto que a todos los dem s se les faciliten las cosas y seg n cada caso, para que se le pueda otorgar su residencia legal y al mismo tiempo deber a de cerrarse la frontera hasta que se resuelva definitivamente todo lo relativo al mill n de haitianos indocumentados que se encuentran entre nosotros.Lamentablemente quienes defienden a los haitianos indocumentados y en particular determinados curas cat licos, lo que quieren, no es la reformulaci n pr ctica en los t rminos que m s arriba se alamos, sino que lo que aspiran, es que a todos los haitianos indocumentados se les reconozca como nacionales de este pa s y otros llegan al extremo de plantearse la creaci n de enclaves territoriales dentro de nuestra naci n y de los que hasta quieren que se les reconozca alg n tipo de soberan a extraterritorial.Sin duda, la jerarqu a cat lica, al emitir su ltima pastoral sobre el caso haitiano, en vez de contribuir a la diafanizaci n y mejor a del problema mediante una soluci n pr ctica que no lesione la soberan a nacional, lo que ha hecho es profundizarlo y hasta d ndole argumentos a favor a los curas levantiscos que atrevidamente han llegado a creerse que pueden actuar muy por encima de las leyes nacionales.En este aspecto, creemos que es hora de que la clase gobernante dominicana se aboque al cese del tratado y/o concordato suscrito con el Vaticano en el 1955, toda vez que determinados curas y hasta obispos est n tomando de pretexto ese instrumento jur dico binacional, que de suyo va en contra de nuestra Carta Magna, toda vez que consigna una serie de privilegios para los sacerdotes cat licos y ni que decir para los bienes de la Iglesia, por ejemplo el no pago de impuestos y concomitantemente se amparan en l para intentar socavar la soberan a del mismo estado nacional.Los obispos claman por un marco de debido respeto para los derechos y deberes de los inmigrantes y lastimosamente intentan presentarlos como superiores a los derechos y deberes de los nacionales de este pa s y lo que por supuesto es inaceptable, al tiempo que se atreven a enunciar, que lo que llaman repatriaciones indiscriminadas y que es un derecho de soberan a del Estado dominicano en este caso, es un supuesto atentado en contra de los derechos humanos.Es decir, una vez m s la jerarqu a cat lica cruza la raya de Pizarro a favor de una inmigraci n ilegal que realmente est socavando la homogeneidad nacional y que atenta en contra del estado de derecho y en esta oportunidad, hasta pretendiendo negarle al Estado dominicano su derecho inalienable de disponer y estructurar normas al respecto.De suyo, vemos en la intenci n de la jerarqu a cat lica un prop sito encubierto nada favorable a los intereses nacionales y por lo tanto, ning n dominicano puede estar de acuerdo con todo lo que se emite desde la susodicha carta pastoral pro haitiana y totalmente anti dominicana.De ah, que no obstante que esta columna de opini n tiene un criterio favorable para que sin dilaci n alguna a los hijos de haitianos indocumentados que han nacido en nuestro territorio se les reconozca su nacionalidad dominicana, la que leg timamente les pertenece, no as podemos aceptar un planteamiento tan venenoso como es ese de que a la generalidad de los indocumentados haitianos se les trate igual o lo peor, que se le puedan reconocer sus reas domiciliarias como supuestos enclaves con goce de extraterritorialidad y que es lo que hasta ahora han pretendido varios curas activistas en pueblos fronterizos como del este del pa s.Precisamente porque la jerarqu a cat lica se sabe en falta y porque est actuando como una multinacional que quiere socavar las esencias del Estado dominicano, fue que minutos antes de entregar la copia del texto que recoge la nueva carta pastoral, abusivamente advirtieron a los periodistas y reporteros que no se les permitir an preguntas de ning n tipo. L stima que aquellos no hubiesen respondido como correspond a. Levant ndose de sus asientos y sin recogerles su infame carta pastoral, trastornadora y anti dominicana.

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